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jueves, 20 de noviembre de 2014

China: Disfrútala o muere. Populares galletas de la Panadería de Jenny serían el mayor mercado negro en Hong Kong

Comentario Jorge Contreras
El más notorio mercado negro en Hong Kong, no involucra drogas, ni riesgo, simplemente galletas,  que para obtenerlas a su precio original “o haces largas colas por horas  aceptando la cuota por persona”, “o las compras en tiendas revendedoras”, a un precio de mercado negro (que le agrega los gastos de la cola para adquirirlas o escogerlas) el sistema es un secreto. El sistema, aparentemente permite a las personas que actúan como revendedores ganarse un dinero de la venta de galletas, a primera vista honestamente, falta determinar si hay otros agentes involucrados.  

La Panadería de Jenny, es en Hong Kong, el origen de un admirable fenómeno local de galletas de mantequilla, muy deseado por igual, por lugareños y turistas. Existiendo
rumores que hasta Leung Chun-ying, el famoso jefe ejecutivo, acostumbra a invitar los famosos bocadillos dulces a las importantes personalidades que lo visitan.

Esta vez, Charley Lanyon y Gloria Chan, ambos  periodistas del diario South China Morning Post, de incógnitos, desde el Centro Comercial de Tsim Sha Tsui, detallan este notorio mercado negro en Hong Kong.

La panadería está envuelta en un manto de misterio. Un auge en popularidad, impulsado principalmente por los bloggers de alimentos y apoyada por las multitudes de compradores ávidos de la parte continental y de toda Asia.  En las dos únicas tiendas de la panadería, se hacen colas interminablemente largas y ha dado lugar al nacimiento de un imperio oculto alrededor de las vibrantes galletas.

Es una especie de galleta de mantequilla, cuyo mercado negro emplea un ejército de compradores, vendedores y revendedores en los edificios comerciales de Tsim Sha Tsui.
La reciente introducción de una cuota de tres latas por persona, no ha desalentado a los revendedores, y no ha afectado el flujo de galletas en el mercado negro, ¿Porque?  Por qué siempre hay un gran número de personas dispuestas a adquirir las galletas por un precio módico.

Lo sorprendente es que a pesar que para los clientes demasiado impacientes para hacer cola, proliferan tiendas y revendedores solitarios, que ofrecen las latas de galletas con un pequeño margen de ganancia, a diario se forman largas colas, por horas, con clientes frente a las tiendas de la panadería de Jenny.

Las largas filas son una confusión para los visitantes y causan consternación a los viejos fanáticos de las galletas. Muchos recuerdan que no hace mucho tiempo, era posible adquirir una lata de galletas a la hora de almuerzo, cuando las deseadas galletas eran aún desconocidas fuera de la ciudad.

Las personas que conocen la historia no se sorprenden por el alboroto. Hong Kong tiene una larga historia de histeria inducida causada por productos de panadería.  El escritor Rowan Callick, en su libro “Camaradas y capitalistas” en 1998 describe como en Hong Kong desde su traspaso, sufrió de turbas en puntos de venta de panadería de Saint Honore causando tanto revuelo que hasta la policía tenía que intervenir.
Ante la noticia de que la panadería podría ser cerrada, colas de más de un millar de personas se formaban con gente que esperaba durante horas para canjear sus cupones por los productos horneados. Según describe Callick, “el personal de la panadería se reunia para atender la demanda, trabajando una maratón de turnos y envíos extras de 300, 000 huevos, 2,2 toneladas de harina, y 1,3 toneladas de mantequilla,".

Hoy en día, los revendedores de las galletas de Jenny, conforman el denominado “mercado negro de la galleta”, y afirman que no están haciendo nada malo, que es solo el ejemplo del espíritu emprendedor de Hong Kong. Sin embargo, algo se traen, llevan mascaras para ocultar su rostro, huyen de las cámaras y en su mayor parte, se niegan a hacer comentarios o declaraciones.

Durante la presentación del informe en frente de la Mansión Chungking, el equipo de filmación recibió ofrecimientos de otro tipo de mercado negro: cámaras, equipos de grabación, relojes falsificados, bolsos de diseño, de imitación y hasta drogas como hachís. 

A diferencia, los revendedores ambulantes de galletas, en su mayoría mujeres de edad y estudiantes universitarios, evitaron las cámaras y se corrieron de los reporteros.

La situación no es clara por parte de la empresa, sus  representantes se han negado en repetidas ocasiones a atender entrevistas. Los empleados evaden contestar, el desorden y la desorganización en los puntos de venta no permiten apreciar si ganan dinero, y deja poca información de este mercado.

Habiendo detenido todas las preguntas, finalmente llegaron a nuestras manos las codiciadas galletas. Si después de probarlas, son buenas galletas.


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