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lunes, 15 de diciembre de 2014

Las Formas borrosas: La inestable historia de la embriaguez

Imagen: Alcohol, Muerte y endiablo por George Cruikshank 1830
Tomado de el El Apéndice
Traducción Jorge Contreras
Durante una noche de juerga y bebida en una cantina de Salisbury, un soldado y sus compañeros bebían proclamando a su salud. Entonces el soldado, hizo algo inimaginable: Ofreció beber a la salud del Diablo. Valientemente retando al diablo a aparecer, el soldado prosiguió que si el diablo no aparecía, sería una prueba de que ni el diablo, ni Dios, existían. Por miedo,  sus compañeros de bebida salieron rápidamente  de la habitación , más  regresaron "después de oír un ruido horrible y sentir un olor apestoso." Una vez en la habitación, encontraron que el soldado había desaparecido, y todo lo que encontraron fue una ventana rota, la barra de hierro en la ventana doblada y cubierto de sangre. Y del soldado nunca se supo más.

Samuel Clarke destinos violentos
 para los borrachos 1
Este peculiar cuento, dicho en 1682 por el ministro anglicano Samuel Clarke, fue parte de su advertencia sobre el  traicionero destino que esperaba a a todos los borrachos. El soldado cometió el error fatal de perder sus cabales y por beber a la salud del Diablo, invitando al ser maligno a su mundo. Esta historia, sin embargo, fue sólo una de las posibilidades aterradoras esbozados por Clarke. Enfermedad, locura, destrucción corporal y espiritual, y en última instancia, la muerte fueron los trágicos destinos que esperaban a cada borracho.

Estas críticas y advertencias inicialmente fueron pocas para influir en las diarias prácticas de consumo, pero con el tiempo, los gritos de los que se oponían al consumo del alcohol creció de manera sostenida. Rumores a mediados del siglo XVII señalan que debido a la repentina aparición en aumento de baratos licores espirituosos fue aumentando el barullo de las condenas en las décadas del siglo siguiente. En el siglo XIX, las maldiciones contra el alcohol se convirtieron en un ensordecedor clamor en la forma de discursos, libros, consejos médicos, y obras de
arte. Un aspecto que muy a menudo apareció  en tales declaraciones anti-licor fueron los mismo borrachos, más específicamente, los inestables y no confiables cuerpos de los borrachos.

Samuel Clarke destinos violentos
 para los borrachos 2
1 y 2 Samuel Clarke advirtió de una serie de destinos violentos para los borrachos (ocho de ellos en la foto) en su libro de 1682 “Una pieza de Advertencia para todos los borrachos y los que beben a su salud”.

Las consultas sobre el efecto espiritual y médico, del alcohol, en el cuerpo de una persona fueron fuente constante de preocupación, en grupos moderados del siglo XIX. A menudo, las investigaciones publicadas destacaron la manera personal en la que el alcohol, después de entrar en el cuerpo, iniciaba un proceso de deterioro y un  literal proceso de transformación física.

En 1677, Edward Bury, ex ministro de Gran Bolas en Shropshire, y contemporáneo de Clarke, escribió extensamente sobre como el alcohol distorsionaba el cuerpo. El publicó para el lector: "Considerad también lo mucho que este bestial pecado de la embriaguez corrompe, destruye, y deforma el cuerpo del hombre." Bury clamaba, “Beber, transforma el cuerpo, una obra perfecta, cambiando "la nariz, los ojos, las mejillas en rojas ... y llenas de granos, hinchando la cara como una vejiga, con el semblante perturbado, torcido y deforme. "Para Bury, la criatura que más se comparaba con el borracho era el cerdo, debido a que los borrachos parecían tener el gran placer de revolcarse en su propio vómito, estiércol y suciedad. Los borrachos incluso llegaron a parecerse a los porcinos arrastrándose después de perder el control de su capacidad de caminar; sin embargo, a diferencia de que los animales a pesar que eran así uno se servía de ellos, Bury comentaba, "que el borracho solo servia para gastar y consumir."
Imagen de Thomas Heywood,  El borracho,
abierto, disecado y atomizado (Londres: 1635).

Para Clarke, beber alcohol no convertía a los hombres en cerdos, según Bury aseguraba. El afirmaba que el beber daba lugar a una transformación mucho más profunda:

La  fascinante, naturaleza rayada de la embriaguez:  No convierte hombres en bestias, como algunos piensan, bestias despreciables Los convierte en tontos habituales, los deshumaniza, les quita su propia esencia  de la época, y los desfigura, a tal punto que Dios dice, Estos no son ni mi imagen ni mi semejanza...

El beber altera el aspecto físico del cuerpo de una manera tal que ningún otro vicio podría hacer. Según Clarke, al empapar el cuerpo con licores, el borracho experimenta un proceso de metamorfosis; el cuerpo se hace maleable, tanto así como arcilla blanda, con la que "Satanás puede moldear al borracho de cualquier forma." El consumo del alcohol podría deformar las características del borracho tanto que su propio creador no reconocería su distorsionado rostro.

Las preocupaciones espirituales dominaron las primeras denuncias contra el consumo de alcohol, y las nuevas observaciones del poder transformador del alcohol surgieron en el siglo XVIII. Si un bebedor, se saturaba en licores perniciosos, abría sus cuerpos al toque artero de Satanás más no se convirtia en bestia. En cambio, el cuerpo parecía marchitarse y colapsar sobre sí mismo. Con un semblante pálido y piel curtida, el aspecto decadente del borracho se asociado con la muerte.


Detalles Perturbadores de William Hogarth
en 1751 “La Línea de Ginebra”
El aumento repentino en el consumo de ginebra entre los pobres de Londres a finales del siglo XVIII dio a luz un gran número de reclamos. La destrucción física fue descrita como un proceso gradual; la constitución del borracho rompía lentamente, sus ojos- "excepto cuando se encendían por el fuego de la bebida espirituosa" después permanecía pesado y aburrido. El rostro del borracho  pálido, su comportamiento apático. Si el borracho era una mujer ", la floración de su belleza se tornaba en espinillas rojas en su cara", y su tez se volvió de un tono de piel apagado. Una vez que la mujer perdía su belleza, víctima de su embriaguez, todas las esperanzas de matrimonio desaparecían, dejando a la mujer sin esperanzas de futuro.

Thomas Wilson, el Obispo de Sodor y Man, que también habló en contra del aumento del consumo de ginebra, señaló las formas en que la bebida demacraba al borracho, esencialmente reduciendo su cuerpo a un esqueleto.

Las descripción de la imagen fue asociada con la inevitable mortalidad de la humanidad. El consumo excesivo no tornaba a los borrachos en bestias o irreconocibles a los ojos de Dios, como Bury y Clark sugirieron; en su lugar, estos individuos embrutecidos simbolizaban la apariencia de todo aquel en una tumba. El cuerpo deteriorado del borracho se convirtió en un símbolo de muerte, una amenaza indudable para todos. Wilson no fue el único en comentar sobre las apariencias. Un poema del siglo XVIII por Charles Darby muestra la imagen inquietante de un esquelético borracho :

Los actores de esta escena no fueron de una sola
edad, humor, figura, o condición.
Ver a alguien con mejillas huecas, magro y grasoso,
por beber frenéticamente y haber consumido bastante,
es ver a uno en esqueleto convertido,
lo suficiente como para matar a la misma muerte de un susto

El termómetro moral de Rush
Estas imágenes se convirtieron en una poderosa herramienta para los opositores organizados contra el alcohol. Muy a menudo, la noción de un bebedor consumido hasta el momento de su muerte se convirtió en uno de los pilares de la literatura anti-alcohol. Los médicos que escribieron sobre los efectos del consumo de alcohol tampoco se apartaron de tales advertencias . Benjamin Rush, el famoso médico de Pennsylvania, contaba esta historia de un hombre que no pudo encontrar satisfacción en su manera de beber. Siempre buscando “triples” fuertes, este hombre fue cambiando de un ponche a diario, a grog (una mezcla de agua con ron), a ron jamaicano crudo, luego a mezclarlo con una cucharada de pimienta molida, (Rush agregaba) que lo hacia para "quitarse el frío." Y concluía esta historia, sin mucha expresión de simpatía, ni sorpresa, cuando afirmaba que el hombre moría como "mártir de su propia falta de moderación."

Si bien los esfuerzos de Rush contra el consumo de alcohol, sin duda se situaron a la vanguardia del movimiento emergente de moderación, el, al igual que otros médicos, consiguieron transmitir una cierta comprensión de cómo beber afectaba el cuerpo humano. Rush  señalaba la frecuencia de dolores de estómago y vómitos por la mañana después de que una persona bebía en exceso. También comentó sobre el desarrollo del temblor en las manos de un borracho, señalando que sólo podía ser aliviado con una dosis de licor, así como la palidez en el rostro, en contraste con pequeñas rayas, rojo que aparecían en las mejillas de los borrachos.

En el “ Tratado, sobre los verdaderos efectos de beber Licores espirituosos, Vinos y cerveza”, en cuerpo y mente, publicado en 1794, el autor anónimo discutió las alteraciones físicas causadas por el beber. Inicialmente, el autor afirma que la bebida trajo fue una forma temprana de prevenir el envejecimiento "el crecimiento de los jóvenes", y mutar el cuerpo joven para que reflejara de forma prematura la decadencia de la vejez. A lo largo del tratado, sin embargo, el autor hace una afirmación, una que hizo eco de los argumentos esgrimidos por Edward Bury un siglo antes: que el consumo no sólo envejecía el cuerpo del borracho, sino que corrompía el juicio, haciendo al más bestia que hombre.

En las últimas décadas del siglo XVIII, las preguntas comenzaron a surgir en relación con la cantidad apropiada de alcohol que uno podría beber, o si uno no debía beber en absoluto. Debido a la tradicional asociación de alcohol y la medicina, muchos médicos, ministros y otros líderes de la sociedad llegaron a la conclusión que era perfectamente aceptable beber las bebidas alcohólicas con moderación. Rush mismo hizo esta afirmación, pero señaló cuidadosamente que sólo ciertas bebidas alcohólicas eran aceptables para beber con moderación. Muchas de las más populares, dijo, no eran aceptables para beber en absoluto, y que se corría el riesgo de una serie de enfermedades y castigos (que casi todas terminaban en una muerte segura).

Incluso ciertos tipos de alcohol cayeron bajo escrutinio, sin embargo, la noción sostenida de beber con moderación permaneció aceptable. El autor anónimo mencionado anteriormente fue especialmente crítico de lo que significa beber con moderación, declarando:

Más de uno pensara que beber tres vasos de ginebra diariamente, sería una cantidad muy moderada, y otros por el mismo consumo podrían llegar a tener una fiebre violenta; Por esta razón, es imposible determinar que cantidad es inofensiva y que es perjudicial.

Ciertamente, tres vasos de ginebra al día podrían caer bajo sospecha en cuanto a si califican como "beber con moderación", pero esta pregunta marcó un cambio en la opinión de que la introducción de alcohol de cualquier cantidad en el cuerpo humano podría potencialmente llevar a la decadencia y transformar a un bebedor moderado en un deplorable borracho.

“Aferrándose al monstruo”
de Timoteo Shay Arthur
La trayectoria de un borracho
En el siglo XIX, los defensores organizados de la moderación se reunieron para poner fin al consumo habitual de la "bebida del demonio." La literatura sobre moderación a menudo enfatizó el inevitable "camino a la ruina"  que espera a cada persona que toma la desafortunada decisión de beber. Timoteo Shay Arthur, en particular, ayudó a convencer al público estadounidense de los peligros del alcohol a través de su popular novela “Diez noches en la habitación de un bar y lo que vi allí”, publicada originalmente en 1854. Situada en una cantina llamada la "Hoz y gavilla, "Arthur expone la amenaza de alcohol con dramáticos detalles. A lo largo de la novela, las descripciones de borrachos, hacen hincapié en el deterioro físico causado por la bebida, revelando la importancia que sigue teniendo el cuerpo en la literatura anti-alcohol. En particular, el personaje Joe Morgan, el borracho del pueblo, destaca en la narrativa de Arthur como un elemento no deseado pero familiar de las cantinas. Arthur tomó nota de la decadencia física del habitual bebedor:
Una mirada le inducía a pensar que era de una clase todas las barras; un pobre borracho averiado, sin capacidad de resistirse, sin consciencia de tener respeto por nadie, y menos recibir respeto de alguien.

Una vez más, tras el paso de un año, y con el regreso del protagonista de Arthur a la misma barra, los comentarios  de Joe Morgan aparecen una vez más:

Estaba de pie en el bar, con un vaso de vacío en su mano. En un año no había hecho ninguna mejora en su apariencia. Por el contrario, su ropa estaba más desgastado y andrajosa; su semblante más tristemente empañado.

Representaciones de un borracho local desmoralizado eran sólo un aspecto del declive físico producido por la bebida. En otro libro, publicado por Arthur, “Aferrándose al monstruo”,  establece las maneras en que el alcohol "Maldice el Cuerpo", afirmando:

Uno supondría, que lo estropeado y las cicatrices, y, las a veces formas terriblemente desfiguradas y sus rostros, son visto los hombres que se han entregado a las bebidas embriagantes, en todas las clases de la sociedad, que no habría necesidad de otro testimonio para mostrar que el alcohol es un enemigo al cuerpo. Y, sin embargo, por extraño que parezca, los hombres de buen sentido, claro juicio y de percepción rápida en todas las cuestiones morales y en los asuntos generales de la vida, son a menudo tan ciegos ... al afirmar que esta sustancia, el alcohol ... no sólo es inofensiva, si se toma con moderación - siendo cada uno su propio juez en cuanto a lo 'moderación' significa, y si es realmente útil y nutritiva!

Con cicatrices, rasgos desfigurados se marcan los rostros de los borrachos, que evidente es como el alcohol es un invasivo enemigo del cuerpo. También, una vez más, la cuestión de la moderación se pone en cuestión; Incluso es posible tal moderación? A medida que el movimiento por la moderación ganó fuerza durante el periodo de las publicaciones de Arthur, ya no fue un tema de debate. El alcohol maldijo el cuerpo, deterioró las características físicas, y redujo al borracho a ser un "personaje averiado", lejos de la noción contemporánea de un alcohólico en funcionamiento.

Y, esas dramáticas advertencias crearon una respuesta, unaescéptica reacción  que puso en duda la validez de tales reclamaciones. ¿Realmente el beber  resulta en la decadencia corporal? ¿Podría una persona beber alcohol sin convertirse en bestia, en un borracho sin sentido o en una carga social no deseada? ¿Era posible que el borracho no se transformara pero las observaciones si lo hicieran? Una caricatura de la “Revista Puck” presenta una imagen diferente sobre la moderación, que plasmo un equilibrio "entre dos males."


"Entre dos males." Revista Puck 1888
A la derecha, aparece un inmoderado personaje “snob” (de clase alta), que se niega a contemplar incluso rechaza un vaso de alcohol. A la izquierda, un borracho sin moderación, en muchos aspectos, refleja el mismo deterioro físico según lo descrito por escritores como Arthur. En el medio, sin embargo, se encuentra un hombre que representa la verdadera moderación. Este personaje al medio, sostiene una jarra de cerveza, pero sin el decaimiento corporal marcando las características del hombre “Templado” ; él está bien vestido y de rostro afable. Mientras que los defensores anti-licor promovieron el declive físico incurrido por la bebida, esta imagen representa todo lo contrario. TS Arthur se burló de la idea de que el alcohol pudiera proporcionar cualquier tipo de nutrición. Benjamin Rush afirma que beber en absoluto crearía un apetito insaciable de bebidas más fuertes, lo que lleva, inevitablemente, a la embriaguez incurable y a la muerte. Samuel Clarke advirtió que el alcohol abriría al bebedor a la posible corrupción del Diablo.


Sentado entre estos dos extremos, el Hombre Templada agarra la jarra de cerveza y, con una pequeña sonrisa, decididamente declara: "No quiero tener nada que ver con ninguno de los dos!"

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