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martes, 16 de junio de 2015

La milagrosa sincronicidad entre nosotros.

"Comprobé que Dios no se deja ganar en generosidad”
Josemaría Escrivá de Balaguer[1]

Por  Jorge Contreras[2]
Esta historia me llegó un amigo de muchos años y después de leerla cumplo con pasársela a ustedes. Trae una gran enseñanza sobre la sincronicidad (Carl Jung 2004)[3],[4], sobre esa incomprensible simultaneidad de sucesos que vinculamos con nuestros sentidos, pero que al ocurrir de manera fortuita, nos explican la existencia de Dios. En esta lectura, la sincronicidad milagrosa es el resultado de "la retribución de un favor no solicitado", de "una de las actitudes que más engrandecen al ser humano"(Issocher Frand 2012)[5]  . El milagro de la sincronicidad es una herencia de Dios y está con nosotros en la civilización humana. Es muy simple, la sincronicidad que atraes es la resultante de aquella que practicas. Los invito a leerla.    

En agosto de 2001, cierto hombre de negocios judío de Nueva York llegó a Israel en viaje de
negocios. Entre una reunión y otra, el empresario aprovechó un breve paréntesis para tomar un bocado en una pizzería que encontró en el centro de Jerusalén. Como era mediodía, el local estaba atestado de gente. Nuestro visitante se dio cuenta que iba a tener que esperar mucho si quisiese comer algo, pero realmente no tenía tanto tiempo. Indeciso e impaciente, se acercó al mostrador esperando un milagro.

Viendo la angustia del extranjero, un israelí le ofreció su lugar en la cola. «Yo puedo esperar», le dijo. Muy agradecido, aquél aceptó. Hizo su pedido, comió rápidamente y se dirigió a su próxima reunión de negocios. Apenas había salido oyó una explosión y un revuelo general en la calle. La gente corría y ya se escuchaban las sirenas de las fuerzas de seguridad y de las ambulancias. Comprendió que había ocurrido algo serio. Como extraño que era, no lo sabía a ciencia cierta, y un transeúnte alborotado le explicó que había sido un grave atentado en la pizzería de la esquina, que era una sucursal de la conocida cadena italiana Sbarro.

Nuestro hombre palideció. Por poco hubiera sido él una de las numerosas víctimas. De repente se acordó del israelí que le había cedido su lugar. Seguramente todavía estaría en la pizzería; le había salvado la vida y ahora podría estar muerto. Consternado, dejó a un lado todos sus compromisos y corrió hacia el local para tratar de saber lo que le hubiera ocurrido. Pero encontró un caos total. La Jihad Islámica había colocado muchos clavos en la bomba para aumentar su poder destructivo. En total 18 personas habían perdido la vida, entre ellas 6 niños. Otras 90 estaban heridas, algunas de gravedad. Ahora estaban siendo evacuadas.

Las sillas de la pizzería estaban desparramadas por la calle, las personas gritaban y lloraban y algunas trataban de ayudar. Policías y voluntarios socorrían a todos los que estaban ensangrentados, heridos y muertos por la calle. Una mujer con su bebé ensangrentado clamaba pidiendo ayuda.

El norteamericano buscó a su salvador entre los ruidos de las sirenas, pero no consiguió encontrarlo. Decidió que intentaría por todos los medios saber lo que le ocurrió a su salvador. Estaba vivo gracias a él y necesitaba saber lo que le había ocurrido para ayudarle en caso de necesidad y, sobre todo, agradecerle el gesto que le había hecho, y gracias al cual nada le había pasado.

De modo que en lugar de hacer negocios, comenzó a recorrer los hospitales, y finalmente lo encontró herido pero fuera de peligro. Conversó con el hijo de este israelí que ya estaba al lado de su padre, y le contó lo que había ocurrido.

Le dijo que le debía su vida, por eso podían contar con él para cualquier ayuda que necesitasen. Le dejó su tarjeta personal e insistió que le avisaran en caso de que precisaran de algo.

Un mes después, ese hombre de negocios neoyorquino recibió un llamado de este muchacho, en el que le informaba que su padre necesitaba una operación de emergencia y según el médico, el mejor hospital para ese tipo de cirugía estaba en Boston. El norteamericano no lo pensó dos veces y organizó todo para poder operarlo en pocos días.

Además, insistió en ir a recibirlo personalmente y acompañarlo hasta Boston, que queda a una hora en avión de Nueva York. Tal vez otra persona no hubiese obrado hasta tal punto, pero ese judío se sentía en la obligación de devolver el gran favor que aquél le había hecho.

Ese martes por la mañana, nuestro hombre no acudió a su oficina en Nueva York para viajar a Boston y recibir a su amigo. Por lo tanto, ese día 11 de septiembre de 2001 a las 9 de la mañana, no estaba en su oficina del piso 101 de las Torres Gemelas.



[1] Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, bautizado con el nombre José María Julián Mariano Escrivá Albás (Barbastro, Huesca, Aragón, 9 de enero de 1902 – Roma, 26 de junio de 1975) fue un sacerdote español, fundador en 1928 del Opus Dei y santo de la Iglesia Católica. Juan Pablo II, en la Bula de Canonización, le llamó el santo de lo ordinario o de la vida ordinaria.
[2] Jorge A. Contreras Ríos, DNI 09582230, ICAC Nº 897, administrador, licenciado en ciencias militares, abogado, magíster en ciencias militares, magíster en derecho penal, estudios de doctorado en derecho penal.
[3] JUNG, Carl Gustav (2004) “LA dinámica de lo inconsciente”. Sincronicidad como principio de conexiones acausales. Sobre sincronicidad.  ISBN 978-84-8164-587-3. Pág. 436, § 849. Madrid: Trotta, 2004.
[4] El sincronismo es Dharma, considerado una principio y conducta por el Hinduismo, el fenómeno resultante de la ley cósmica y el orden en el la filosofía budista del Budismo, el principio para la purificación y trasformación moral en el Jainismo y el camino hacia lo correcto de los Sikhs.
[5] FRAND, Issocher, is an American Charedi Orthodox rabbi and author. He is a senior lecturer at Yeshivas Ner Yisroel in Baltimore, MD. Raised in Seattle, Washington. (Accesado el 16 de junio de 2015) Enlace. Articulo Publicado en “Aguas Vivas”. Para la proclamación del Evangelio y la edificación del Cuerpo de Cristo · Nº 67 · Julio - Agosto - Septiembre 2012. (Accesado el 16 de junio de 2015) Enlace

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