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sábado, 8 de octubre de 2016

Perú: Día de la Medicina. Daniel Alcides Carrión. Sacrificio por la ciencia

Por Marcelino Aparicio
Tomado de Diario El peruano
Hace 131 años partía a la inmortalidad después de ofrendar su vida en busca de una cura para “la fiebre de La Oroya”, que mató a más de 10,000 peruanos en el siglo XIX. El mártir de la medicina, Daniel Alcides
Carrión García, nació en Cerro de Pas-co el 13 de agosto de 1857. Fueron sus padres don José Baltasar Carrión, médico nacido en Loja, Ecuador, y doña Dolores García Navarro, oriunda de Quiulacocha, caserío de Cerro de Pasco.

Daniel Alcides falleció 38 días después de inocularse el mortal virus. “Dejó este mundo víctima de su temerario arrojo. Su objetivo era estudiar el mal en su propio cuerpo y encontrar cura para esta terrible endemia”, se lee en la prensa de la época.

Presente en la guerra
Hacia 1885, el país acababa de salir de la infausta Guerra del Pacífico (1879-1881), en la que Carrión participó asistiendo a los soldados heridos en el frente de batalla. El héroe fue practicante de cirugía.

Una profesión de servicio
“Nosotros, como Colegio Médico del Perú, recogemos el mensaje de Daniel Alcides Carrión y hacemos recordar a todos los médicos que esta es una profesión de servicio. Eso es básico. Y tener amor a la patria, dando un tiempo también a la salud pública”, dijo el decano del CMP, Miguel Palacios Celi. Esta semana, dicha institución distinguió a diversos profesionales, entre ellos el médico Juan Chunga Chunga, especialista en frenología, una rama de la medicina que estudia el estado de las venas. Él destacó que hoy Carrión guía a los estudiantes de medicina. “Carrión es ícono de los médicos y patrono de la medicina peruana. Es uno de los peruanos más importantes de la historia”.

La enfermedad de Carrión, fiebre de La Oroya o verruga peruana es una enfermedad infecciosa cuyo agente  etiológico es la bacteria Bartonella bacilliformis.

Por aquel tiempo, él estudiaba en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y cumplió su deber de defender a la patria en los momentos más dramáticos.

Luego del conflicto, se dedica al estudio de la verruga. A finales del siglo XIX, durante la construcción del Ferrocarril Central de Lima a Huancayo y Cerro de Pas-co, se declaró una epidemia caracterizada por fiebre alta, anemia y gran mortandad entre los obreros que trabajaban en la obra.

Plaga sin cura
Durante su martirologio hace observaciones sobre la naturaleza y síntomas del mal. Sus investigaciones permitieron atacar la enfermedad con eficiencia y salvar vidas.

En total fueron nueve las historias clínicas que elaboró mientras “la fiebre de La Oroya” minaba su cuerpo.

Teodoro, hermano menor de Carrión, lo asistió en aquellos momentos de dolor, mientras su madre permanecía en Cerro de Pasco, acongojada por las trágicas noticias que llegaban desde Lima.

En la agenda médica que recoge los momentos dramáticos del sacrificio de Carrión se lee: “A las 11 a. m. del cuarto día de la inoculación nos manifestó su deseo de ser trasladado al Hospital Francés para practicarle una transfusión sanguínea, dada la gravedad de su estado”.

“Procedimos a vestirlo y lo colocamos en un sofá mientras se preparaba la camilla en que debíamos conducirlo. Pide un cigarro. Lo fuma tranquilamente”.“Al anunciarle que todo estaba listo, se dirige al señor Yzaguirre, alumno del primer año de medicina, con estas palabras solemnes: ‘Aún no he muerto, amigo mío. Ahora les toca a ustedes terminar la obra ya comenzada, siguiendo el camino que les he trazado’”.

Anotaciones finales
En una de las últimas anotaciones se lee: “A las once de la noche sintió gran decaimiento y postración. Media hora después padece fuertes escalofríos, cortos y repetidos. Su estado es muy grave”.

Los médicos que lo asistían descubrieron manchas violáceas en su pecho, mientras que el rostro se llenó de puntitos carmesíes.  “Tengo sed”, gimió el héroe en los momentos finales.

Minutos después, falleció. Era el 5 de octubre de 1885.

Solemne y dolida fue la ceremonia que precedió a su última morada. Asistieron sus condiscípulos de la UNMSM, maestros y el pueblo.

En su recorrido, el cortejo fúnebre  pasó por la plazuela de la Inquisición (hoy plaza Bolívar, frente al Congreso de la República) hasta el cementerio Presbítero Maestro, en los Barrios Altos. Al año siguiente de su sacriicio, la Sociedad Médica Unión Fernandina le tributa solemne homenaje.

En 1887, se le erige un mausoleo donde descansan sus restos. Al mismo tiempo, la importante revista de la época, Perú Ilustrado, le dedica su portada en reconocimiento a su abnegada labor.

Bertilo Malpartida Tello en su libro sobre Carrión afirma: “Era de buena figura nuestro héroe. Valiente. Ofrendó su vida en aras de la ciencia. No fue para con-seguir bienes materiales ni panegiristas; lo hizo para proteger a la humanidad doliente”.

Datos
Otros médicos peruanos notables son Hipólito Unanue, Cayetano Heredia, Casimiro Ulloa, José Corpancho y Santiago Távara (cirujano mayor del monitor Huáscar). 

En el siglo XVIII, Unanue inició la reforma de la educación médica: fundó el primer Anfiteatro Anatómico y el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando (1808). 


Cayetano Heredia (Catacaos, 1797) fue rector del Colegio de la Independencia, donde dictó clases de 1843 a 1856. Organizó los estudios de su especialidad y creó la Facultad de Medicina en 1856.

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