"Comprobé que Dios no se deja
ganar en generosidad”
Esta historia me llegó un amigo de muchos
años y después de leerla cumplo con pasársela a ustedes. Trae una gran
enseñanza sobre la sincronicidad (Carl Jung 2004)[3],[4],
sobre esa incomprensible simultaneidad de sucesos que vinculamos con nuestros
sentidos, pero que al ocurrir de manera fortuita, nos explican la existencia de
Dios. En esta lectura, la sincronicidad milagrosa es el resultado de "la
retribución de un favor no solicitado", de "una de las actitudes que
más engrandecen al ser humano"(Issocher Frand 2012)[5]
. El milagro de la sincronicidad es una
herencia de Dios y está con nosotros en la civilización humana. Es muy simple,
la sincronicidad que atraes es la resultante de aquella que practicas. Los
invito a leerla.
En agosto de 2001, cierto hombre de negocios judío de
Nueva York llegó a Israel en viaje de

