Por Jorge Contreras[1]
Cada gobierno vive su propio laberinto. Las teorías
conspirativas tienen su nacimiento histórico hace siglos. Giran alrededor de
amenazas desconocidas, que alteran la normalidad, con datos reales y casi
siempre insuficientes. Son algo, que no le gusta a la sociedad, el que les
avisen de un peligro, del que desconocen su naturaleza, para lo que no estamos
preparados ni biológica ni psicológicamente. Siempre muestran un villano.
Buscan acentuar una sensación de desamparo. Denotar...





