Por Jorge Contreras
Después de algunos días, resulta más claro que el viernes 26
de junio del 2015, Yassin Salhi, el asesino de su empleador en Lyon (Grenoble)
en Francia, Seifeddine Rezgui, el atacante de indefensos bañistas en Susa
(Sousse) en Túnez, Fahed Suleiman Abdulmohsen al-Gabbaa el kuwaití suicida que
se inmolara con explosivos afectando fieles en la mezquita, así como el
palestino eliminado a tiros por soldados israelíes cerca de Jericó, en el valle
del Jordán, cuando disparó contra un puesto de control, difieren notoriamente del grupo armado que
atacó en Somalia la base de soldados. Ninguno de ellos se conocía entre sí,
tampoco tuvieron un "centro de operaciones" común que los apoyara, o
que les escogiera sus objetivos, la raíz de su similitud está en que cada uno actuó en su área de influencia, según
sus posibilidades de vida y que su conexión personal está relacionada a su
fundamentalismo religioso sunita y al mensaje emitido por el Estado Islámico. En Europa el terror no es tal. Estos hechos de lobos
solitarios no representan la