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jueves, 5 de marzo de 2015

¿Limpieza de ríos?, un concepto que alerta del riesgo en "proyectos en vías fluviales"

Comentario Jorge Contreras
En el artículo “Cuidando ríos” el Dr Alfredo Ollero Ojeda, de la Universidad de Zaragoza y del Centro Ibérico de Restauración Fluvial[1], nos alerta sobre ciertas ideas falsas que tenemos con respecto a los causes de los ríos, en la creencia que limpiando los cauces, 1) evitaremos el desborde, 2) evitaremos que el nivel de las aguas se eleve, y que 3) es posible vivir en terrenos en las riveras. Consideramos que estas explicaciones deben ser tomadas en cuenta para los proyectos en el Rio Rímac y otros, especialmente si consideramos el aumento de las aguas debido al Cambio Climático, con el fin de evitar que la obras constituyan una carga económica para futuras gestiones.

Es común, cada vez que aumenta el caudal de nuestro Río Rímac, en Lima, que los
residentes en los alrededores reclamen la limpieza de su  cauce, para que la inundación baje, que esta se debe a que el río no está limpio, que la suciedad ocasiona un embalse y hace que el río se desborde.

Según el Dr. Alfredo Ollero  la idea de que “hay que limpiar el río” está profundamente enraizada. En algunos países hay intereses económicos en estas prácticas, dinero público disponible para ello,  fuerte presión de algunas empresas del sector a los organismos de gestión y porque hay afectados, gente que asume el riesgo de vivir en las riveras y convivir con las inundaciones y se aferran al recurso de pedir, “que es gratis”, y si la “limpieza” se aprueba saben que no les va a costar.

Limpiar un río no solo significa eliminar basura...
“Limpiar” entre comillas, es una expresión inexacta, tradicional. Realmente limpiar significa eliminar lo que está sucio, por lo que en este caso este verbo debería restringirse a eliminar la basura (residuos de procedencia humana) que pueda haber en los ríos. Sin embargo limpiar un rio es  eliminar sedimentos, vegetación viva y madera muerta, es decir, elementos naturales del propio río. Se demanda, en definitiva, agrandar la sección del cauce y reducir su rugosidad para que el agua circule en mayor volumen sin desbordarse y a mayor velocidad.  Este es uno de los objetivos de la ingeniería tradicional, por lo que hay abundante teoría y experiencia al respecto, y se basa en una visión del río muy primaria y obsoleta.

Técnicamente, “limpiar” es intentar aumentar la sección de desagüe y suavizar sus paredes o perímetro mojado, es decir, dragar y arrancar la vegetación. Y para ello se destruye el cauce, porque se modifica su morfología construida por el propio río, se rompe el equilibrio hidromorfológico longitudinal, transversal y vertical, se eliminan sedimentos, que constituyen un elemento clave del ecosistema fluvial, se elimina vegetación viva, que está ejerciendo unas funciones de regulación en el funcionamiento del río, se extrae madera muerta, que también tiene una función fundamental en los procesos geomorfológicos y ecológicos, y se aniquilan muchos seres vivos, directamente o al destruir sus hábitats. En definitiva, el río sufre un daño enorme. (En el caso de Europa el daño es denunciable de acuerdo con diferentes directivas europeas y legislación estatal).

Según el Dr. Alfredo Ollero estas prácticas de “Limpieza” se realizan con maquinaria pesada, sin vigilancia ambiental, sin información pública y sin procedimiento de impacto ambiental, y generalizadas constituyen una de las principales causas de deterioro de nuestros valiosos ecosistemas fluviales. Algunos cauces naturales limpiados, ya no podrán ser recuperados.

Limpiar es una acción inútil y contraproducente…
En primer lugar las “limpiezas” son inútiles, ya que en el siguiente episodio de aguas altas o de crecida el río volverá a acumular materiales en las mismas zonas “limpiadas”, recuperando en buena medida una morfología muy próxima a la original.
  • Si se draga el cauce, en las primeras horas de la siguiente crecida sedimentos movilizados rellenarán los huecos.
  • Si solo se piensa a corto plazo, a unos meses vista, sí puede que se haya ganado una poca capacidad de desagüe.
  •  “Limpiar” el río es tirar el dinero, es un despilfarro que no puede admitirse en estos tiempos.
  • Y no cabe ya ninguna duda de que dragar cauces y arreglar las defensas tras cada crecida cuesta más dinero que indemnizar las pérdidas por inundaciones en zonas agrarias o urbanas.


En segundo lugar las “limpiezas” son contraproducentes, ya que pueden provocar numerosos efectos secundarios muy negativos.
  • Los solicitantes aumentan, cada vez llegan desde más lejos y demandan “limpiezas integrales” de ríos enteros para evitar cualquier inundación, dragados profundos del cauce en toda regla.
  • Los efectos, tanto si se ejecutaran estos dragados como si se practicaran “limpiezas” locales repetidas sobre un mismo tramo, serían rápidos e implacables: erosión remontante, incisión o encajamiento del lecho, irregularización de los fondos, descenso del freático (con graves consecuencias sobre la vegetación y sobre el abastecimiento desde pozos), descalzamiento de puentes, escolleras y otras estructuras, muy probables colapsos si el sustrato presenta simas bajo la capa aluvial, etc. En suma, los daños pueden ser mucho más costosos que los bienes que se trataba de defender con la “limpieza”.


La falsa percepción de que el cauce se eleva…
  • En algunos tramos fluviales se demandan “limpiezas” porque consideran que está elevándose el cauce. Generalmente esos procesos de acreción o elevación del lecho por acumulación sedimentaria no son ciertos. Sí pueden crecer en altura algunas barras sedimentarias, que se consolidan con la colonización vegetal. Pero son crecimientos locales que el río compensa en la propia sección transversal, es decir, si crece una barra (adosada a la orilla o en forma de isla) la corriente se hace paso profundizando en el lecho al lado de la barra, con lo que la capacidad de desagüe sigue siendo la misma.
  • La “propia invasión humana” del espacio del río y el empeño por regular y controlar los caudales han sido las causas de que los cauces estén en permanente ajuste frente a los impactos que sufren y presenten unas características que hoy se consideran negativas cuando llegan los procesos de inundación.


La limpieza la hace el río…
  • Según el Dr. Alfredo Ollero las crecidas fluviales son precisamente los mecanismos que tiene el río para “limpiar” periódicamente su propio cauce.
  • Y el río lo hace bien, mucho mejor que nosotros, tiene centenares de miles de años de experiencia. El sistema fluvial es un sistema de transporte y de regulación. El cauce sirve para transportar agua, sedimentos y seres vivos, y con su propia morfología diseñada por sí mismo, y con la ayuda de la vegetación de ribera, es capaz de auto-regular sus excesos, sus crecidas. Este sistema natural es mucho mejor y más eficiente que el que hemos creado con los embalses y las defensas. Deberíamos intentar imitarlo dando mayor espacio al río y regulándolo menos, dejándole cuantas más crecidas mejor.
  • Las crecidas distribuyen y clasifican los sedimentos y ordenan la vegetación, la colocan en bandas. Esto sí que es realmente limpiar, renovar el cauce. También lo limpian de especies invasoras y de poblaciones excesivas de determinadas especies, como las algas que han proliferado en los últimos años en tantos cauces. Cuantas más crecidas disfruten, mejor estarán nuestros ríos.


La limpieza humana, de la basura humana...
Sí que podemos ayudar al río en sus labores de limpieza, simplemente retirando basuras del cauce residuo por residuo, manualmente, sin emplear maquinaria, o bien retirar madera muerta de puentes o represas donde haya quedado retenida y pueda incrementar el riesgo, reubicando esa madera en el interior de bosques de ribera para que siga cumpliendo su función en el ecosistema fluvial. Estas sí serían buenas prácticas de limpieza y mantenimiento.

Conclusiones…
  • Vamos a ver si por fin se entra en razón, se dejan de demandar “limpiezas”, se piensa un poco más en cómo funciona un río y en qué se puede hacer para gestionarlo mejor, y se buscan soluciones civilizadas frente a sus canales, inundaciones, soluciones no de fuerza contra el río, sino de ordenación del territorio.
  • Hay que mirar más allá del corto plazo, porque inundaciones va a seguir habiendo, las habrá siempre, y las zonas inundables, por definición, se inundan y se inundarán siempre.
  • Finalmente la “limpieza” es una actuación destructiva del cauce que no sirve para reducir los riesgos de inundación y que puede originar graves consecuencias tanto en el medio natural como en los usos humanos del espacio fluvial.
  • Es necesaria una labor continua de concienciación y educación para conseguir que las sociedades ribereñas renuncien a este tipo de acciones y promuevan mecanismos alternativos de gestión y convivencia con el riesgo.


[1] Profesor de Geografía Física y científico fluvial. “….Mis hijos cuando eran pequeños me definían como “cuidador de ríos”. Sobre todo me considero un defensor de estos sistemas naturales y trabajo reivindicando el gran valor de lo más despreciado y temido por la sociedad: los cauces secos, las gravas, la geomorfología fluvial, las crecidas, las inundaciones, la erosión, las orillas que se desploman, los cauces que cambian de trazado, todas las muestras de la fuerza y la actividad de la naturaleza fluvial.”

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